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Construir alternativas en Psicología pasa por el abrirse a experiencias disímiles cuyo estatus epistemológico no necesariamente se enmarca en la tradición positivista. Probablemente esto es particularmente evidente en la clínica psicológica: taller de construcción del bienestar psicológico personal. “El trance como herramienta terapéutica”, de la colega María Isabel Diez Voigt, es la historia de un viaje inacabado (inacabable) en la búsqueda de alternativas.
Andar por los hieráticos caminos de la hipnosis es una larga tradición de construcción del saber “psi”. Más allá de que una referencia a Erickson permitiría reconocer el asunto en la zona de tierra fértil de la psicología y para no perdernos en las turbulentas aguas de la historia, ojalá baste recordar el impacto de la hipnosis en el despertar del psicoanálisis. Unidad y ruptura: he ahí el modo en que la autora, construyendo alternativas, toma un punto de encrucijada y distancia entre lo que sí y lo que no de las hipnoterapias tradicionales y suma una postura que se instaura y defiende desde las reflexiones rogerianas con ese modo de desbalancear la acción siempre a favor del sujeto, de su actuación. De aquí la elección de “una técnica que se pone al servicio del paciente, no es un poder que el terapeuta ejerce sobre éste”, como desde el inicio mismo de su reflexión nos dice la autora.
Ampliar horizontes, brindar un panorama comprensivo de la situación o el problema, recontextualizar historias, son estas herramientas genuinas para que el cliente se comprenda, para que comprenda el problema, por qué no: para que cambie. No un cambio presionado de la mano del terapeuta, sino “su cambio” elaborado en el proceso de una relación caracterizada por “un clima armonioso”. Así, reforzando sus zonas saludables, haciendo sentir su coherencia interna, el terapeuta propicia el trance del sujeto para que este entre en contacto con esos contenidos más alejados de su conciencia y lo haga de modo natural, sin inhibiciones y traumatismos. La propuesta es bien interesante, entre otras cosas, porque rompe con una cierta asociación preponderante en las llamadas terapias “profundas” (vaya denominación estigmatizante) de que el encuentro con el mundo de “abajo” es siempre un acontecimiento cuando menos de potencial emocional negativo en el momento de llegar de vuelta a la superficie (si no, por qué se reprime tanto que va a parar al donde no se ve, ni se escucha, ni se siente). Aquí, en la propuesta de María Isabel, “comúnmente ocurre que la persona sale del trance con una fuerte conexión interna consigo mismo y más aún, con una conexión con las partes más sanas, más elevadas y profundas de su ser, que es algo que se produce gracias al estado de trance mismo unido al enfoque de los temas tratados”.
Es muy justo lo que la autora no olvida junto a las especificaciones de su forma de uso del trance en la práctica terapéutica: la tecnicidad, el profesionalismo. Su estilo personal de dialogar con el lector, su salirse de otros modos de escribir más marcados por las comas y los puntos, los títulos, subtítulos y epígrafes, no le impiden defender y dejar claro a la comprensión que se trata de un procedimiento profesional, que “es fundamental utilizarlo con pericia, delicadeza, preocupación y eficiencia...demostrando que se puede ayudar, entregando herramientas reales, aplicables, genuinas y en particular un enfoque del problema o la situación que presenta el paciente que a éste le resulte consistente con su propia naturaleza, con su estilo, un enfoque práctico que le permita manejarse en forma más eficiente con la situación que lo lleva a consultar”.
No me cabe duda que el trabajo convence e invita (invita a la reflexión, a la duda y a la prueba) y esto es de suma importancia. El estilo de la autora hace probablemente más interesante la lectura sin perder nunca del centro de atención su mensaje. Quizás desde el título nos pudiera preparar un poco más para el tipo de trabajo que se va a leer. Dando por cierto que toda (casi toda) práctica terapéutica es conjunción de ciencia y arte, de profesionalismo y oficio, la propuesta de la autora, desglosada en su verbo escrito, merece un acercamiento de todo el que transita por los avatares de la práctica clínica.
MUY INTERESANTE
La hipnosis es una técnica psicoterapéutica controvertida. Debido al desconocimiento que casi todo mundo tiene de ella, la consideran poco menos que magia. Artículos como el de María Isabel Diez Voigt, permiten darle una nueva luz al fenómeno hipnótico en el sentido de explicarlo de manera objetiva.
Cada practicante de la hipnosis tiene su propio estilo y estrategias de uso. En este sentido, es interesante el artículo porque deja de lado los tecnicismos teóricos, para explicar, de manera llana, qué es exactamente lo que hace durante el trance hipnótico. Esto es algo de lo que casi todos los artículos sobre el tema carecen y por lo tanto, el presente trabajo es de valía para quien desee practicar la hipnosis.
Generalmente durante el trance hipnótico, existe una serie de circunstancias prácticas alrededor de las cuales causa angustia al principiante en esta técnica. Cuando se lee un artículo o trabajo, se espera que las explicaciones sean desde el punto de vista aplicado, técnico. En el caso de la hipnosis, hay muchas dudas sobre lo que hay que hacer para que el sujeto entre en estado de trance, durante el mismo, cuando se dan las sugestiones terapéuticas y para salir de la hipnosis. El artículo es valioso en este sentido. Hubiera sido excelente, por parte de la autora, subrayar con más amplitud los aspectos teóricos y conceptuales de la hipnosis. Sin embargo, el objetivo es enfatizar los aspectos humanos y prácticos de la técnica.
Esperemos que, dentro de la literatura especializada en psicología aplicada, se sigan publicando artículos sobre el tema de la hipnosis, con la finalidad de que se conozca en verdad en qué consiste ésta, se desmitifique. De esta manera, la hipnosis recuperará el lugar que le corresponde dentro del conjunto de herramientas con el que cuenta el psicólogo para resolver problemas con sus pacientes.
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